El origen de las sagas
literarias se remontan más allá de la baja Edad Media. Anónimas y épicas fueron escritas principalmente en
Noruega, Islandia, Dinamarca y Alemania. Productos de la oralidad y de la
tradición popular, el término saga es afín a los verbos sagen y say (decir y
referir en alemán e inglés); hoy, el término alude a obras de autores que
necesitan más de un libro para contar (decir, referir) una historia. Ejemplos actuales
sobran y no necesitamos ir hasta el Saga Volsunga (la Saga de los Tiempos
Antiguos, texto islandés por excelencia) para encontrar este raudal de libros
en cadena.
Ya no se escriben sagas
como antaño. Lo que ahora se llama saga es una serie de libros de aceptación
masiva —cuánto más sean, mejor—, de los que luego suelen realizarse películas que
acrecientan su popularidad. Dentro de este nuevo paradigma podemos incluir
desde El Señor de los Anillos de J.
R. Tolkien hasta Harry Potter de J. K
Rowling, pasando por la Trilogía
Divergente de Verónica Roth y la Saga
Millenium de Stieg Larsson.
Algunos autores —los considerados dentro del
canon literario como Paul Auster y Philip Roth— también hicieron su aporte a
este fenómeno a través de la Trilogía de
Nueva York o la Trilogía
Estadounidense respectivamente. Sin olvidar a los argentinos, como Liliana
Bodoc y su Saga de los Confines.
Quiero detenerme en una
saga brillante, poco conocida y nunca llevada al cine, de ahí su rareza y recomendación.
Me refiero a la historia sobre la dinastía Mayfair de Anne Rice. Si bien Rice
es más conocida por Entrevista con el
vampiro, primer libro de Crónicas Vampíricas (que ya va por el volumen 12, toda
una epopeya), esta historia es digna de mención por su insuperable calidad
narrativa y su gran despliegue de detalles históricos.

En su momento su
recepción fue entusiasta pero, quizás porque su lectura transmite cierta
incomodidad moral, quedó relegada a un segundo plano dentro de la obra general
de la autora. La historia comienza en 1689 y abarca trece generaciones de
mujeres con habilidades extraordinarias
y poderes sobrenaturales. Una trama totalmente compleja y enrevesada que —mediante
informes detallados de una organización que estudia los fenómenos psíquicos llamada
Talamasca, intercalada dentro del texto—nos hace creer en la existencia de un
espíritu que desea por todos los medios corporizarse en forma humana.
Si ya por regla general
Rice atrapa al lector en la intriga, en esta trilogía el lector queda
absolutamente abrumado, no solo por la profusa cantidad de detalles en los que
describe a cada uno de sus personajes y a su entorno, sino por la intrincada
maraña de acontecimientos aparentemente inconexos que jalonan la narración. La
autora parece haber llevado la sentencia de Vladimir Nabokov hasta su máxima
expresión cuando el novelista ruso dijo: “La literatura está hecha de los
divinos detalles”.
Anne Rice se refugió en
un mundo sombrío luego de la muerte de su hija Michelle cuando tenía solo cinco
años, producto de la leucemia. Este triste suceso fue el impulso de las Crónicas
Vampíricas —una catarsis necesaria— y también el motor que la llevó de regreso a
Nueva Orleáns, su ciudad natal, donde encontró
la inspiración para escribir la saga de las brujas de Mayfair; una ciudad en la
que los fantasmas, según sus habitantes, pueden verse a plena luz del día entre
el gentío del Mardi Gras, el colorido carnaval pagano que antecede a la Semana
Santa. Muy arraigado en la comunidad, el Mardi Gras se funde con la profunda fe
católica que se respira en el estado de Luisiana: el caldo de cultivo perfecto
para amalgamar la religión católica con el más ancestral de los paganismos: la
brujería.
No voy a entrar en
detalle en la trama de la historia —eso sería imposible—, solo diré que sobre las
trece generaciones de la dinastía Mayfair pesa una maldición. La bruja número
trece —la protagonista principal de la trilogía— no se dedica al ocultismo, la
magia negra o la alquimia, sino que es una respetada neurocirujana especializada
en genética, que desconoce el alcance de la maldición hasta que es demasiado
tarde.

De lectura densa y
apasionante, entre las páginas de esta saga encontramos las emociones más
básicas que todo ser humano experimenta cuando su entorno más íntimo es atacado
de manera devastadora. En realidad el género gótico nunca se fue. Lo que hizo
fue mudarse a un nuevo contexto en donde impera la luz en lugar de la oscuridad
y la manipulación genética en vez de la magia negra.
Pero el núcleo es siempre
el mismo: el ser humano y su súplica hacia una inmortalidad siempre negada. Nada
más acertado que escribir una saga para contarlo.
Columna publicada en la revista Qu Número 20 (Otoño 2017).
Columna publicada en la revista Qu Número 20 (Otoño 2017).
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