lunes, 16 de octubre de 2017

"PARTIDA DE NACIMIENTO" SUBRAYADO (VIRGINIA COSIN)


El living, un domingo a la noche, es un terreno en el que acaba de terminar una batalla silenciosa entre los objetos y el tiempo.

Estoy demasiado entera. Para convertirme en cenizas tendría que rallarme los huesos.

Te sentís lejos. Estás lejos. ¿Cómo remontar, ahora, y poner los pies sobre la tierra? ¿Cómo surfear sobre la incertidumbre, la cascada? Oscilando, yendo desde la boca del lobo hasta la panza de la ballena. La distancia es inabarcable. Las imágenes y los sonidos que destilaban los recuerdos empiezan a lavarse y a escucharse con sordina. Y la coraza de azúcar impalpable se disuelve como en una taza de café hirviendo.

Volví caminando. Mientras el sol se ponía, mi cuerpo cruzó la ciudad como si fuera un contorno filoso que rebanaba el mundo, abriendo un hiato entre las cosas y yo, entre la gente y yo, entre el mundo y yo, entre yo y yo.

La locura es una piedra en medio de una mata de pasto. Cualquiera puede tropezar y desnucarse.

¿Dónde hay que bucear para encontrar las causas de la imposibilidad?

A veces, solo a veces, me acuesto sobre un mar oscuro como el petróleo y me dejo teñir el corazón, hasta que se convierte en un gato negro que se afila las uñas y me hace sangrar por dentro.

Soy una de esas mujeres que sale un domingo a la calle porque hay sol, pero una vez que está parada en la vereda no sabe dónde ir.

Volviendo a tu casa te encontrarías repitiendo, para vos misma, en un susurro, como si rezaras: quiero mi vida de vuelta, quiero mi vida de vuelta. Una vida hecha de retazos, de saldos, de ofertas desaprovechadas. Harías malabares, por el desfiladero de tu memoria, con todas las oportunidades que perdiste. Y las verías estrellarse, contra el suelo, como naranjas podridas.

Antes de que anochezca, dicen las brujas, en el páramo, van a interceptar a Macbeth. A esta hora la conciencia de Lady Macbeth chorrea sangre. Ella se restriega las manos para quitarse los crímenes de encima y daría cualquier cosa, cualquiera, por volver el tiempo atrás. Este es el instante en que me siento a esperar la hora futura.

No se vuelve al origen sino recorriendo un camino distinto, un camino otro, dando un rodeo, esquivando. Cuando se llega, el lugar, uno, está cambiado. A veces hay que taparse los ojos con las manos para poder escuchar. A veces hay que repetir, repetir, repetir, repetir, para oír la diferencia.

Nadie puede mirar su propia cara. Frente al espejo se posa. Se es otro. Otra persona. Las fotos reproducen un instante, apresan apenas un gesto fugaz. Cómo saber cómo soy. Cómo saber que ven los otros en mí. No me conozco. Puedo ser ella. U otra.


Hay una voz en mi cabeza que habla demasiado fuerte. Cuanto más esfuerzo hago para callarla más se empecina en que la escuche. Pero si intento retener las palabras para reproducirlas luego en un papel, una por una, se diluyen. 



Nacida en CaracasVenezuela, Virginia Cosin vive en Buenos Aires desde los cinco años. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA), cine en la Escuela Nacional de Experimentación Cinematográfica del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y dramaturgia en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD) dirigida por Mauricio Kartun.
A fines de 2011 publicó la novela Partida de nacimiento en la editorial Entropía. Publicó cuentos en diversas antologías como Replicantes, en la editorial El fin de la noche​ y Cuarenta grados a la sombra, en Editorial Planeta. ​
Colabora en distintas publicaciones nacionales como la revista de cultura Ñ del diario Clarín, el suplemento Radar de Página 12, ​ la revista Brando, la publicación digital de Otra Parte y Eterna Cadencia. ​
Trabajó como guionista para Canal EncuentroFox y Discovery Channel entre otros. Coordina encuentros de escritura literaria y de lectura en forma grupal e individual. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario